sábado, 28 de enero de 2012

Éter.

Y ahí arriba suspendido de las nubes, se encuentra bien, por que se siente grande, por que todo le parece diminuto...

Patiens et fortis se ipsum felicem facit. ("Los hombres pacientes y valientes se hacen felices así mismos")


sábado, 19 de marzo de 2011

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Abriendo el paquete, se va dando cuenta que no es solo alimento lo que sus dedos están soltando. Pequeñas estrellas en su espacio de cristal, su dios y demonio observando implacable, mofándose de sus vidas insulsas y sin sentido. Se lamenta por no poder mostrarles la existencia en su esplendor. Disfrutando de sus días en los que la diversión es su trabajo y el sexo es su alimento, no para de preguntarse si no es él un pez más en la pecera de cristal.

Te Quiero. ¿Lo sabías?

sábado, 16 de octubre de 2010

Secuencia inerte.

Colgaban del techo, como pendiendo de un móvil sobre una cuna, las sombras de mi debilidad. Dispuestos a romperse en cualquier momento, los hilos que las sujetan. Y así, esperar a caer sobre algún jergón, para evitar daños. Pero no era nada suave, ni mucho menos tierno, lo que aguardaba el golpe en el colofón de la caída.

Debajo estaba yo, rígido como una piedra, contemplando las despiadadas sombras deseando caer sobre mí. ¿Debería desconfiar tanto de esos hilos, teniendo en mis manos el poder de decisión? ¿Incluso sabiendo que soy yo mismo quien los está rompiendo, debería hacer algo para impedirlo? Tantas preguntas y tan pocas respuestas.

Sin duda alguna, esos hilos soportaban un peso mayor del que podían aguantar. Pequeños pedazos de mí, que oscilaban en el aire movidos por los jadeos de mi respiración.

Mi temor no se centraba sobre aquellos fragmentos suspendidos que se proponían caer sobre mí, sino sobre las figuras que proyectaban en la pared.


martes, 24 de agosto de 2010

Narcosis.

Siento no poder vomitar cuando lo necesito, vomitar palabras, frases. Nunca consigo estar lo suficientemente saciada, ni dispuesta, como para permitirlo. Imaginaba que solo podían salir de una manera, descubrí que no. Aparte de poder convertirse en voz y vocablos, también podían hacerlo en más elementos.

[...] De pequeña, recuerdo haber vomitado una vez, por exceso de golosinas. Si, un buen atracón. Algo parecido debería pasarme ahora, pero no. Es algo sin importancia, pero esencial para la aclaración. Sin duda, no era ese mi mayor temor, me refiero a no ser capaz de vomitar lo que me sobra, sino de no poder eliminarlo de algún modo distinto. Entiendo, que llegado a este punto, alguien se haya perdido. No hay tiempo para explicaciones. Continúo. [...]

Tuve un sueño, algo raro, aunque totalmente metafórico y alusivo. Me encontraba yo atada de manos y pies, sobre una tabla, cual pirata esperando su veredicto y consecuente muerte. Debajo, el mar, y tiburones aguardando mi ineludible inmersión. El final puede ser evidente, hasta que me doy cuenta que mis ataduras no son ni mucho menos fuertes. De hecho incluso juraría que eran de golosina, totalmente frágiles, fácil de romper. Aún así, yo sigo atada, sin querer soltarme, ni saltar. Esperando a ser empujada por algo o alguien que tomara la decisión por mí. Mi propia iniciativa debió sucumbir en el momento en el que me ví condenada y obligada a deleitarme con una ráfaga de aire, perfumada con una fragancia tan placentera como desconocida. Vi mis manos y decidí dejarlas anudadas con aquellas cuerdas de regaliz, esperando mi dulce muerte en las fauces de los hambrientos tiburones.

Todo se vuelve oscuro y yo despierto aún en sueños, con mi cara enterrada en su espalda; entre aquellas dulces ataduras, esperando ser atacada por insaciables mandíbulas, y nadando entre melifuos aromas.

Ahora, es cuando más desearía poder vomitar mi alma, y toda esa descomunal cantidad de palabras empalagosas, y ahogarme en ellas.

Aunque, prefiero los tiburones...



In girum imus nocte et consumimur igni ("Damos vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego")

martes, 3 de agosto de 2010

Enigma abisal.

Iba pisando y arrancando jirones de su vestido a medida que caminaba y se acercaba al final del muelle. Trozos de tela que el viento se llevaba y arrastraba hasta el agua. Una bonita prenda, que ahora ya no valía nada.

Evitaba los grandes espacios entre los viejos tablones, que crujían como frágiles mondadientes. Se acomodó en el último tramo del pequeño embarcadero y por fin, se sintió en calma. Tranquila, jugando con el agua entre sus pies, sintiendo en sus manos la calidez de la madera, y atezando su rostro con el ígneo sol de la tarde. Su reflejo se distorsionaba a cada piedra que dejaba caer. Así, una a una, su tiempo de espera se desvaneció al escuchar los ingentes crujidos de la madera tras ella.

- Te esperaba... - dijo mientras se giraba satisfecha.


miércoles, 14 de julio de 2010

Néctar de osadía.

No era buena idea deambular en esas condiciones, pero que podía hacer sino. No soy ninguna asesina, pero confieso, que acababa de sajar a uno de mis peores enemigos, e intentaba huir. Y digo intentaba, porque ni siquiera sabía hacia dónde me estaba dirigiendo.

Solo tenía las ropas de un pobre cadáver para mudarme y algún huraño sentimiento escondido entre mis sucios y remojados andrajos. Al fin y al cabo todo surgió según lo previsto, alguien muerto, alguien vivo. Aunque de eso último no estaba tan segura.
Sin duda, me hubiera gustado contemplar aquellos cerca de doscientos litros de agua, teñidos con un bonito color rojo escarlata, y convertidos en algo similar a un zumo de arándanos condimentado.

Ahora, desconozco mi paradero, y persigo aquello a lo que le quité la vida. Preciso de ese dulzón y embriagador olor a mentira, inquina, y odio. Lo necesito.


sábado, 10 de julio de 2010

Vaxholm.

Despierto, creo haber escuchado mi nombre... pero no, no era a mí a quien llamaban. Que lástima.

Me incorporo e intento abrir los ojos para ver más allá de la mesita del salón, cubierta por centenares de colillas. Efectivamente, e vuelto a despertar tarde; demasiado tarde. Las manecillas del reloj señalan con ímpetu las cinco y media de la tarde, sermoneando mi excesivo abuso de narcosis.
A parte de estar desnuda, y de sufrir un exorbitante frío, paseo por casa con una pícara sonrisa, fruto de una incómoda noche en el sofá nuevo. Acabaré por acostumbrarme.

Ya no me gusta mi cama, es demasiado grande...